Estoy harta de los capullos de turno, de los que te JURAN y PERJURAN que han cambiado, que quieren intentar algo contigo y que te lo van a demostrar todo. Si, los primeros días todo es perfecto, son atentos, cariñosos, te demuestran todo... Pero llega un día en el que te empieza a gustar, se lo haces notar, pero no le es suficiente, por lo tanto el te pregunta e insiste en preguntar hasta que tu le dices lo que sientes (EL MAYOR ERROR) en cuanto les dices lo que sientes ellos dejan de luchar, se les quitan las ganas y a ti? Te dejan con la ilusión. Bien así hay muchos, pero yo? Yo ya me eh cansado jajajaja ahora... la capulla voy a ser yo.
P.D.: No creo que leas esto... pero en un caso hipotético de que lo hagas... JÓDETE CAPULLO. jajajaja TEKAEME.
miércoles, 27 de noviembre de 2013
Aprende a soltar el vaso.
Un psicólogo en una
sesión grupal levantó un vaso de agua. Todo el mundo esperaba la típica
pregunta: ¿Está medio lleno o medio vacío?
sin embargo, preguntó: ¿cuánto pesa
este vaso?
Las respuestas variaron entre 200 y 500 gramos.
El psicólogo respondió:" el absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo.
Si lo sostengo un minuto no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día mi brazo se entumecerá y paralizará.
El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportarse vuelve"
y continuó: “las preocupaciones son como el vaso de agua.
Si piensas en ellas un rato, no pasa nada.
Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada!
Acuérdate de soltar el vaso.
Las respuestas variaron entre 200 y 500 gramos.
El psicólogo respondió:" el absoluto no es importante, depende de cuánto tiempo lo sostengo.
Si lo sostengo un minuto no es problema, si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo, si lo sostengo 1 día mi brazo se entumecerá y paralizará.
El peso del vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado, más difícil de soportarse vuelve"
y continuó: “las preocupaciones son como el vaso de agua.
Si piensas en ellas un rato, no pasa nada.
Si piensas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado, incapaz de hacer nada!
Acuérdate de soltar el vaso.
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